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Colegio Santa Mónica

Agustinas Hermanas del Amparo

Padre Fundador Sebastián Gili Vives

fundadorSebastián GILI VIVES (Artá 1811-Palma 1894)

Sebastián Gili Vives nació en Artá (Mallorca), el 16 de enero de 1811 en el seno de una familia de labradores, bien situada, honrada, cristiana y exenta de toda clase de infamia. Desde muy joven sintió la llamada al sacerdocio, cursando sus estudios primero en la Universidad Luliana y más tarde en el Seminario Conciliar de Palma. En 1829 ganó una beca por oposición. En 1835 fue ordenado en Ibiza y unos días después, le llegó el nombramiento de Vicario de la parroquia de San Jaime y en 1840 pasó con idéntico cargo a la de Santa Cruz, ambas en la ciudad de Palma. Su actuación en las dos parroquias fue la de un eclesiástico irreprensible en su conducta, recomendable por la pureza de costumbres, exacto en el cumplimiento de sus deberes y celo con prudencia de la salvación de las almas.

A finales del siglo XVIII se fundó la casa de expósitos de Palma, pues el problema del abandono de los niños era complejo. Se agudizó y aumentó considerablemente como consecuencia de un cambio de valores en la sociedad, sobre todo en relación al rechazo social de la ilegitimidad. A menudo el abandono era consecuencia del nacimiento de niños de relaciones extramatrimoniales. Las madres solteras al sentirse desprotegidas, optaban por abandonar a los niños. Después de habilitar diversos departamentos se compró un solar en la calle de los Olmos. Una de las principales preocupaciones de la administración de la casa de expósitos fue la falta de recursos económicos. La junta dejó la inclusa en manos de la diputación provincial, que nombró una comisión con el título de Junta Auxiliar, para velar por el régimen de la casa. En 1843 fue aprobado el reglamento. El gobernador civil nombró Prior-administrador de la inclusa a don Sebastián Gili el 10 de febrero de 1844.

La Junta puso en funcionamiento un plan de saneamiento económico, pues los 250 niños que había en aquel entonces, se habían criado y seguían criando con amas campesinas que cobraban por la lactancia 28 reales al mes y tenían la obligación de alimentarlos en sus casas hasta cumplidos los tres años, a no ser que decidiera seguir un año más en su crianza y primera educación. Cumplidos los cuatro años el ama quedaba libre de obligaciones, pero podía quedarse con el niño y adoptarlo como hijo. El establecimiento benéfico conservaba dos años más a los niños devueltos, tiempo que empleaban en enseñarle los rudimentos de la doctrina cristiana, primeras letras y buena educación. Cumplidos los seis años los niños eran remitidos a la casa de misericordia.

El edificio de la inclusa constaba de tres plantas, en cuanto a la distribución de los departamentos se hicieron las reformas oportunas. El buen efecto que producía la entrada, hacía que las personas que visitaban el establecimiento censurasen el contraste del lujo que allí aparecía, con la sencillez y economía que debían ser la norma de los establecimientos de beneficencia, si al mismo tiempo no se leyese en un cartel que, no a los fondos provinciales, sino a la caridad cristiana, es a quien se debía el estado de brillantez que presentaba la inclusa. 

La dirección económica de la casa estaba encargada al prior, único empleado al servicio del establecimiento. Los gastos ascendían a 238.000 reales. Apenas encargado de la dirección inmediata vio la imprescindible necesidad de establecer en ella un servicio de caridad que tuviese carácter permanente. Año y medio después de tomar posesión como Prior el cambio fue notable. La casa se hallaba en sumo descuido y era preciso emprender una restauración por medio de numerosas obras. Poco tiempo después presenta por fuera el aspecto de una casa particular. Todo está tan hermoso, tan arreglado, tan limpio, que puede apostárselas con la casa particular en que reine más aseo. Si no lo dijere una inscripción, nadie la creería una casa de beneficencia; hay una despejada y blanquísima sala con una estufa para calentarla y 18 hermosas cunas... Está al frente del establecimiento una junta y es su administrador y vive en ella don Sebastián Gili, sacerdote joven, humilde aunque muy despejado, sumamente atento y que desempeña este cargo con gran gusto e inteligencia. Los gastos generales de la casa, que bajo todos los puntos de vista es un verdadero modelo, ascienden a 4.000 duros, de los cuales saca la mitad de rentas propias y la otra que percibía de la décima beneficial. Desde que cesó ésta se la satisface muchas de sus obligaciones, cuando los acreedores no le hostigan moral o físicamente. 

En febrero de 1850 el número de expósitos menores de seis años ascendía a un total de 578. A partir de estos datos se puede deducir los años de gestión de don Sebastián habían sido altamente positivos, con una disminución sistemática de la mortalidad. Pero el problema más grave continuaba, siendo la difícil y delicada situación económica que se vivía en la inclusa agravada por las malas cosechas y la crisis económica de 1846 y 1847. 

La junta de la casa de expósitos cesó en virtud de lo mandado por la Reina en Real Orden del 5 de marzo de 1848. Al comunicarlo el gobernador a la junta daba a don Sebastián las más expresivas gracias por el esmero con que se había dedicado a mejorar la suerte desgraciada de las inocentes víctimas de la debilidad o del crimen. Esta junta puede tener la satisfacción de que al cesar en sus funciones deja un grato recuerdo de su buena administración a cuantas personas han visitado el establecimiento.

Además de la mala cosecha el año 1847 estuvo amenazado por una epidemia de viruela. La junta al finalizar sus actividades tuvo a bien dejar consignado en su sesión del 29 de mayo de 1848, que don Sebastián administrador de la misma desde el 12 de febrero de 1844 en que tomó posesión del cargo, lo ha desempeñado siempre con la mayor pureza y honradez y ha trabajado infatigablemente en mejorar todos los ramos de la administración, lográndose con sus desvelos e inteligencia economías considerables en los gastos; con su eficaz celo y actividad cuantiosas limosnas, mediante las cuales ha podido levantarse un espacioso edificio, que proporciona el alivio y comodidad que se apetecía a los infelices expósitos, por el feliz acierto que ha tenido  en la dirección de estas obras completamente adecuadas a su objeto; y con su vigilancia y cuidado la salvación de la vida de dos terceras partes más de los expósitos de los que en otro tiempo se salvaban, llegando hasta el punto de salvarla a razón de 90%, resultando de todas estas ventajas que un establecimiento que apenas figuraba en la línea de los de su clase, haya llegado a excitar la admiración de los naturales y extranjeros y pueda rivalizar con los que existen en los pueblos de mayor cultura e importancia.

El 15 de mayo el gobernador le comunicó que la inclusa pasaba a depender del Ayuntamiento de Palma y paralelamente hacía una valoración de la labor realizada durante los cuatro primeros años. Hubo notables cambios en la administración de la inclusa, pero él continuó de prior hasta noviembre de 1852 en que nombrado director.  En febrero de 1853 la situación económica era angustiosa, la junta lo comunicó al gobernador y éste cursó una petición de ayuda a la Reina.

El período de dependencia municipal duró apenas un año. Una nueva ley de 1849 retornaba aquella institución a la Diputación y se constituyó una junta formada por el gobernador de la provincia, el obispo, dos vocales, un diputado provincial, un consejero de la provincia, un facultativo y dos vecinos de Palma.

El gobernador dispuso que se insertase en el Boletín Oficial para satisfacción del interesado y conocimiento del público, porque la visita que pasó al establecimiento le dejó sumamente complacido por el estado de verdadera perfección en que le encontró. El esmerado aseo que reinaba en todas las habitaciones, el cuidadoso trato y la buena educación moral y religiosa que recibían los expósitos, la calidad de los alimentos que se les suministraba, la acertada organización y el régimen que se seguía; la puntualidad y el celo de que se hallaban animadas todas las personas que ocupaban el el servicio, la exactitud y sencillez que se observaba en los libros de contabilidad y administración y las demás ventajosas comunicaciones, forman un conjunto completo, digno de los mayores elogios. El gobernador se los tributó con placer, y pues que tanta perfección solo se debe al celo, a la inteligencia, a la cristiana caridad que guiaba a don Sebastián en todas sus operaciones, yo no dudando que seguirá con perseverancia por la honrosa senda que se había trazado, hasta dejar este asilo por tantos conceptos recomendable en un estado que le pueda hacer rivalizar con los primeros de España. 

Por aquel tiempo la inclusa carecía de local suficiente, para albergar a todos los expósitos que devolvían las amas después de los tres años de lactancia y los que hayan visitado la inclusa y observado la esmerada educación que recibían los niños durante tan breve período de tiempo, no podían menos de lamentarse de que a dicha edad, cuando ya su corazón se formaba, cuando habían adquirido los primeros hábitos que llegan a arraigar en el hombre las tendencias de la virtud hayan de pasar a la Casa de Misericordia en donde es muy fácil que pierdan cuanto habían adquirido. 

En 1859 llevó a cabo su obra maestra: la fundación de la Congregación de Agustinas Hermanas del Amparo, con el objeto de tender una mano al necesitado sin acepción de personas. A través de un breve bosquejo histórico se puede ver la labor que desempeñan las Hermanas del Amparo en la Inclusa y el servicio a los enfermos y necesitados. 

La Inclusa de Palma era uno de los establecimientos públicos que llenaban más dignamente su cometido y que más honor hicieron a la Provincia, siendo un modelo en su clase. Se aprecian los servicios que esta casa presta a la humanidad en las personas de las tiernas e inocentes criaturas que allí se albergan.

En el mes de octubre el Presidente de la Junta autorizó al Siervo de Dios, a preparar el presupuesto de las obras necesarias al establecimiento. Los gobernado-res de Baleares se sucedían con facilidad y rapidez. Cada vez que llegaba uno nuevo realizaba una visita a la casa de expósitos, a veces sin previo aviso. El 20 de diciembre de 1856 el gobernador elogió al Siervo de Dios por el perfecto estado en que halló la Inclusa. La visita que pasó al establecimiento le dejó sumamente complacido por el estado de verdadera perfección y el esmerado aseo que reinaba en todas sus dependencias, el cuidadoso trato y la buena educación moral y religiosa que recibían los expósitos, la calidad de los alimentos, la acertada organización y el régimen que se sigue. La puntualidad y el celo de que se hallan animadas todas las personas que se ocupan en el servicio, la exactitud y sencillez que se observa en los libros de contabilidad y administración y las demás ventajosas condiciones de que tiene ocasión de hacerse cargo que forman un conjunto completo digno de los mayores elogios. Tanta perfección sólo se debe al celo, a la inteligencia, a la cristiana caridad que guía al director de la Inclusa en todas sus operaciones.

Tal fue la impresión positiva de esta inspección que el mandó publicar una comunicación dirigida al Siervo de Dios, en el Boletín oficial de la provincia, para satisfacción del mismo y conocimiento del público.

Con todo no satisfizo al Gobernador dar las gracias públicamente al Siervo de Dios, que propuso al Ministro de la Gobernación que le concediera la Gran Cruz de la Beneficencia. No fue posible esta concesión, ya que sus servicios no quedaban comprendidos en ninguno de los casos establecidos para la concesión de la condecoración. El 23 de enero de 1857 el Gobernador comunicó al Siervo de Dios la notificación del Ministro que por Real Orden se den las gracias al director de la Inclusa por su piadoso celo y continuos afanes en pro del establecimiento que tenía a su cargo.

D. Sebastián encontró los establecimientos de beneficencia en situación demencial y era urgente llevar a cabo una serie de reformas encaminadas a dignificar la vida de los asilados. En 1852, 1860 y 1865 se hizo cargo de la Inclusa, Hospital y Casa de Misericordia respectivamente. En 1868 a causa de la delicada situación social y política por el derrocamiento de la monarquía y la instauración de la república, D. Sebastián fue destituido sin previo aviso de todos los cargos. Había dado 24 años de su vida durante los cuales no escatimó sacrificio alguno en favor de los más desvalidos, siendo ejemplo admirable de promoción de las obras sociales y apóstol infatigable de las obras de misericordia.

A partir de este momento vivió dedicado totalmente a la Congregación, que comenzó su expansión por los pueblos de Mallorca e Ibiza. En 1875 se trasladó la Casa Madre, el Noviciado y el Colegio a la calle San Cayetano de Palma. 

Vacante el canonicato de gracia en 1883 y para premiar una vida llena de méritos, el obispo le concedió en 1883 la canonjía de gracia y aprovechando las posibilidades de su cargo de canónigo, promovió el culto al Sagrado Corazón regalando una imagen.

El P. Fundador desde finales de agosto se encontraba en estado grave. Ayudado por los auxilios espirituales y por las atenciones de los médicos y de las Hermanas del Amparo, falleció a las diez y media de la mañana del día 11 de septiembre, víctima de la aguda enfermedad que venía padeciendo desde hacía tiempo y que le llegaba a dejar postrado algunos días y a consecuencia de los frecuentes achaques que sufría, pues la salud nunca le acompañó. Tenía 83 años. Dejaba 18 casas y 113 Hermanas.

Uno de los periódicos dice: Era el Sr. Gili uno de esos hombres que habían venido al mundo para grandes empresas, pero su modestia cohibía los impulsos de su imaginación. Creó en Palma y extendió por Mallorca bajo su dirección y venciendo muchas dificultades, al Instituto de Hermanas del Amparo, destinándolas primero al servicio de los establecimientos provinciales de beneficencia y después a la enseñanza haciendo que gran número de Hermanas se adornaran con el título de maestra elemental o superior, para mejor ejercer el profesorado de los pueblos. En la capital el colegio de San Agustín de la calle de San Cayetano, del cual han salido obras primorosas es un ejemplo de lo que Palma debe al finado.

Desempeñó el Sr. Gili por espacio de cuatro años el cargo de Coadjutor de la parroquia de Santa Cruz de esta capital y el de director del hospital provincial y de la casa inclusa. Fundó la congregación de Hermanas Terciarias de San Agustín de la que fue su director, y poseyó en la santa iglesia catedral un beneficio de patronato particular hasta el 30 de junio de 1883 en que fue nombrado canónigo de la referida santa iglesia.

Apenas expiró y en tanto su alma se dirigía al encuentro del Padre, su cuerpo revestido con traje sacerdotal y ornamentos de canónigo fue bajado al oratorio de la casa-madre y colocado en el centro de la nave sobre un modesto túmulo, frente al altar mayor, cuyo retablo estaba cubierto con una cortina de luto, destacando una cruz blanca. Sucesivamente hasta la hora de la conducción del cadáver a su última morada, se celebraron misas de cuerpo presente en sufragio del alma del finado. La prensa anunció que la exposición del cadáver en la capilla ardiente se hallaba instalada en el oratorio. 

El día 12 de septiembre a las 11 de la mañana tuvo lugar el traslado al cementerio. Formaban el cortejo fúnebre, el clero catedral con cruz alzada, monaguillos, pobres de varios establecimientos benéficos y amigos particulares del difunto. Hoy diríamos que fue un entierro casi con honores de jefe de estado. El presbiterio mallorquín, al enterarse, celebró misas por su alma.

Los sacerdotes celebrantes eran viejos amigos suyos y compañeros beneficiados de la catedral. Hacia las once de la mañana rezado el rosario, los canónigos y albaceas del testamento del SdD revestidos de capa pluvial y acompañados de todos los capitulares del cabildo, ordenaron el entierro. Quizá el SdD no deseaba todo aquello, pero la procesión que conducía al sepulcro sus restos mortales, resultó de lo más lucida, grave y solemne. Además del clero catedralicio en pleno, tomaron parte plañideros, terciarias Agustinas y muchas personas de los establecimientos de beneficencia.

La prensa siguió atenta la evolución de los acontecimientos, haciéndose eco en sus columnas de la noticia.

Fue enterrado en un sepulcro de su propiedad en el cementerio de la ciudad. Esta sepultura la había comprado en 1868 y en ella quería ser enterrado. Lo hicieron solemnemente cual convenía a un hombre que entraba en la historia de la Orden Agustiniana y de la Iglesia española. Él jamás se dio en vida aires de persona importante. Quizá la mejor lección de su existencia brote de la sencillez y naturalidad con que aceptó siempre sus propias limitaciones, sobre todo en los últimos años de su vida, cuando su enfermedad y los achaques le impidieron seguir al frente de la Congregación que tanto amaba. En 1946 fue trasladado al oratorio de la Casa Madre, donde reposan sus restos.

Al día siguiente se celebraron solemnes honras fúnebres. El obispo tomó parte en el funeral, asistiendo a la misa desde su sitial del coro catedralicio y acompañando después al cortejo a la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, donde se cantó la letanía del Santo Cristo, para seguir en la capilla de la Purísima con el rezo de la salve.

El 11 de septiembre de 1894 rodeado de sus hijas, falleció en Palma uno de los hombres que más servicios ha prestado a la Iglesia y a sociedad. 

Esta mañana ha fallecido el Sr. D. Sebastián Gili, Pro. Canónigo de la Santa Iglesia Catedral, y Director del Benéfico Instituto de Hermanas de la Caridad que fundó hace años y estuvo al servicio de nuestros Establecimientos Provinciales de Beneficencia, puestos bajo la dirección del difunto sacerdote. Es pues, el Sr. Gili una de las personas que, más servicios ha prestado a la Iglesia y a nuestra Provincia. 

En 1946 fueron traslados sus restos desde el cementerio a la Casa Madre donde reposan actualmente.

El 9 de junio de 1991 se abrió en Palma el proceso informativo, clausurándose el 22 de noviembre de 1992. Se abrió en Roma el 11 de enero de 1993 y el 20 de abril de 1994 la Congregación para las Causas de los Santos otorgó el Decreto de Validez y se comenzó a elaborar la Positio super vita et virtutibus.

El 31 de diciembre de 1997 el Ayuntamiento de Palma le proclamó Hijo adoptivo de la ciudad a este eclesiástico tradicional, abierto al mundo moderno y a sus necesidades, dedicado a la acción benéfica en una coyuntura en la cual el estado confía buena parte de las instituciones de beneficencia a la Iglesia. Poco después fue víctima de la política anticlerical y laicista del Estado Liberal español. La proclamación de hijo adoptivo es el homenaje de Palma a un hombre que hizo de su vida entrega a los más humildes, a los más pequeños, a los más marginados, pero sobre todo a los huérfanos de la inclusa de la calle de los Olmos. D. Sebastián fundó la primera congregación en Palma y en esta ciudad es donde se desarrollaron las labores más audaces de caridad. Después de adoptar tantos niños desvalidos, ahora la ciudad le acoge a él mismo como hijo adoptivo. 

Y el consistorio le dedicó una calle de nueva construcción en la barriada de La Vileta, que lleva por nombre de Carrer del Canonge Sebastià Gili.

Lo primero que hay que destacar es que Gili Vives fue un excelente gestor social, un eficaz administrador delos bienes públicos y de buena parte de sus bienes personales en favor de los más desgraciados. La Misericordia, el Hospital, el Manicomio y la Inclusa con la Congregación de Agustinas Hermanas del Amparo que él fundó, dirigió y coordinó, se entregaron al servicio de los demás. Uno de los grandes méritos de Gili Vives en aquel siglo XIX tan confuso y conflictivo fue el de haber sido un pionero de la cuestión social.

El 25 de julio de 2010 el consistorio de Artá, su pueblo natal, le proclamó hijo Ilustre.

Pero aún quedaba una asignatura pendiente. Elaborar una biografía que recogiera toda la trayectoria de su vida. Se comenzó en 2009 y después de arduo trabajo de investigación se ha concluido tan ardua obra en 2011. El 4 de febrero de 2012, coincidiendo con el 153 aniversario de la Congregación, se presentará esta biografía sobre la figura de don Sebastián. En ella encontraremos las huellas de los pasos de nuestro protagonista en el camino de su vida, entregada siempre a tender la mano al desvalido, sin acepción de personas. Esta gran figura del siglo XIX la ha retratado toda la documentación que ahora sale a la luz. 

En este estudio histórico documental que abarca la mayor parte del siglo XIX se pretende ir descubriendo la gran personalidad humana y espiritual del Siervo de Dios, cuya figura fue decisiva en el devenir histórico de la sociedad y la Iglesia de Mallorca.

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